8 de diciembre de 2011

Ahora resulta que todo lo que hago está mal. ¿Por qué? ¿Por qué a vos no te parece cómo hago ciertas cosas, eso significa que son incorrectas? Pero por favor, miles de cosas que vos hacés me parecen impensables, pero no por eso tengo la necesidad de molestarte todo el día por ellas. Entonces, ¿por qué vos no hacés lo mismo? 
Simplemente ignorame, como venís haciendo desde hace tanto tiempo con otras cosas que no querés ver, repetí tu comportamiento, mutalo, lo que sea, pero deja de ver con ojo crítico todo lo que hago o dejo de hacer, porque es mi vida, y yo la vivo como quiero, como me parece que está bien, como me sale, porque no tengo instrucciones, y me encanta no tenerlas, ¿sabés? Me encanta caerme, tropezarme, hasta romperme algún que otro hueso en el intento de hacer las cosas que creo correctas.
Y no me vengas con esa excusa idiota de que estás tratando de ayudarme, porque si realmente quisieras hacer eso, me estarías apoyando, me tendrías fé en las cosas que hago y no las cuestionarías.
Si no podés ignorarme, si no podés no prestarme atención, entonces alejate, o deja que me aleje yo. Aveces la distancia hace bien, o al menos no empeora las cosas. Prefiero eso antes que tenerte sobre mí el día entero, sin respiros ni descansos. No te soporto ni un segundo más, ni vos a mí, entonces hacelo, alejate, que nos va a hacer bien a las dos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario