8 de enero de 2012

-    ¿Cuándo decidiste hacerlo? –Preguntó sin vueltas-
-    ¿Cuándo? No sé con exactitud –Suspiró el joven-. Es decir, en un momento estaba en mi casa, y mi vieja me estaba gritando por… La verdad es que ya no me acuerdo, pero después de eso estaba escribiendo una carta de despedida. Cuando me di cuenta, simplemente tenía la pistola de mi papá en la boca y estaba por volarme la cabeza, junto con el poco cerebro que las drogas no supieron aniquilar.
-    Entonces, ¿por qué? –Enarcó una ceja-
-    No sé qué querés que te explique.
-    ¿Qué es lo que te llevó a eso?
-     Bueno, ya te dije que no lo planee, no lo pensé, yo creo que una parte de mí quería seguir peleándola,  pero la otra, la más fuerte, estaba tan cansada de esa situación que decidió, inconcientemente, tomar la salida más rápida y fácil, el atajo –Se encogió de hombros-.
-    ¿De qué se trataba de escapar la parte suicida?
-    Supongo que de todo –Puso cara pensativa-. Creo que sería hipócrita culpar sólo a mi familia, pobres estúpidos. El mundo es una mierda, por si no te diste cuenta, y desaparecer de él fue un alivio, fue placentero.
-    ¿Más que vivir? –Esto lo dijo asombrado-
-    ¿Vivir es placentero? –Sonrió irónicamente- ¿Enserio?
-    Bueno, se dice que la felicidad, junto con el placer, se encuentra en los momentos más efímeros y pequeños.
-    Entonces debo haber vivido siempre a lo grande, sin darme cuenta –La sonrisa desapareció de su cara-. O fui demasiado trasparente e inútil, tanto para la vida como para la sociedad.
-    ¿Qué decía tu carta de despedida? –Cambió de tema al ver el rumbo que llevaba la charla-
-    Que les deseaba a todos lo peor, pero que no sean como yo, que no dejen que eso los lastime –Pronunció las palabras mirándolo a los ojos-.
-    Eso es algo contradictorio, ¿no?
-    Supongo que tengo una mente contradictoria, por no decir retorcida o, incluso, loca…
-    ¿Loca? ¿Pensás que estás loco?
-    ¿Por qué no? Es divertido pensar que estoy loco, me consuela pensar que vengo mal de fábrica y que no hice tantas cosas mal.
-    ¿Te consuela? –Frunció ambas cejas-
-    Y sí, todo el mundo culpa a los demás para sentirse mejor, siempre, todos lo hacen. Es más fácil culpar a otros que aceptar que uno es un fracaso, un desastre.
-    ¿Así te sentís vos?
-    No serví para nada en vida, y menos ahora –Guardó silencio-.
-    ¿Por qué sentís eso?
-    ¿Tengo que repetírtelo? Nunca hice nada por mí ni por nadie, en 17 años lo único que logré hacer bien fue terminar con mi vida, además de drogarme hasta perderme en mí mismo.
-    Y te arrepentís de eso, ¿no? ¿Querrías una segunda oportunidad?
-    No, no sabría aprovecharla, terminaría de la misma manera, o peor. Aparte, ya te dije, fue un alivio escaparme de ahí.
-    Bueno, se nos acabó el tiempo, nene –Le tendió la mano-.
-    Nos vemos la semana que viene –Le correspondió, se levantó del sillón y caminó lentamente, dejando la habitación, como de costumbre-.

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